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Asesinato, juicio y la vida sin una hija: Habla la madre de Valerie Ann

16 de diciembre de 2021 - 12:32 pm Modificado: 19 de diciembre de 2021 - 10:48 am

Las personas que se convierten en madres y padres suelen decir que la progenie les cambia la vida para siempre. Zaida Ojeda Pérez también se convirtió en otra mujer con el nacimiento de sus dos hijas, pero nunca imaginó que tendría que experimentar una transformación mayor -traumática y dolorosa- causada por el asesinato de una de ellas.

Esta madre tiene la angustia encajada en la mirada. Se le ilumina el rostro al recordar la intensidad de vivir de su hija menor Valerie Ann Almodóvar Ojeda, pero la sonrisa se le borra y afloran las lágrimas en cuestión de segundos cuando habla de cómo se la arrebataron de 38 puñaladas, con apenas 23 años de edad, el 17 de diciembre de 2018.

Del asesinato de un familiar no se recupera nadie. “Eso es algo que no se olvida jamás en la vida”, sentenció.

La sala de su casa en San Germán está decorada con los cuadros que ha pintado luego de refugiarse en este pasatiempo a modo de terapia. En una pared también cuelga un dibujo de Valerie Ann que le regalaron después del crimen para tenerla presente, “para que nadie se olvide de ella”.

La convicción del grafitero ponceño Juan Luis Cornier Torres (Manwe Uno) por el asesinato de su hija, que lo dejaría en la cárcel el resto de su vida, representa un alivio por considerar que a Valerie Ann “se le hizo justicia”, pero todavía no le permite cerrar este ciclo.

“Todavía es muy temprano, pero estoy tratando. Pero no es fácil, no es fácil”, admitió a Voces del Sur en la primera entrevista que ofrece luego de que el juez Daniel López González emitiera un fallo de culpabilidad contra Cornier Torres el pasado 6 de diciembre en el Tribunal de Ponce.

¿Cómo han sido estos tres años sin Valerie Ann?

Ay, horrible, como si me hubiesen quitado la mitad del corazón. Horrible. Cada vez que me levanto, paso por el pasillo, miro para su cuarto, entro como 500 veces. Siempre está abierto y siempre tiene su velita, yo le prendo la velita. Le pido a Dios todos los días que me ayude a bregar con esta situación.

Valerie Ann Almodóvar Ojeda. (Facebook / Vale Almodóvar)
Valerie Ann Almodóvar Ojeda. (Facebook / Vale Almodóvar)

Valerie Ann era aficionada a la música y la fotografía, actuaba y producía obras, era maestra de teatro de niños, se había graduado de chef y estudiaba comunicaciones en el recinto de Mayagüez de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Quería también ser periodista, trabajar en radio y montar un café teatro.

Su madre la describe como cariñosa, dadivosa y espontánea. Aunque tenían una relación cercana, Valerie Ann no le compartía detalles de su vida amorosa. Fue después del asesinato que las amistades de la joven informaron a la madre sobre el comportamiento controlador que tenía su novio, el farmacéutico Osvaldo Antommattei Pesavento, con quien convivía en Ponce.

“Ella nunca me dijo nada a mí, uno sí veía cositas, pero nunca me dijo que él la maltrataba. Pero debido a las circunstancias de lo que sucedió, vine a saber a través de sus amistades todo lo que estaba pasando”, indicó Ojeda Pérez, quien describió a su entonces yerno como “súper celoso”.

Esa cara de Antommattei que ella descubrió en diciembre de 2018 fue la que la llevó a creer que él pudo haber estado involucrado en el crimen. De hecho, el novio también figuró como sospechoso ante la Policía de Puerto Rico, hasta que se descubrieron las actuaciones de Cornier Torres y la evidencia llevó a las autoridades a inculparlo como único responsable del asesinato.

Ojeda Pérez fue la última de la familia que habló con Valerie Ann. Aquel lunes, 17 de diciembre la invitó a almorzar, pero la joven decidió visitar a una amiga y después optó por recoger comida en la casa de sus padres para llevársela a su novio en Ponce. Sin embargo, desde temprano ya había hecho planes para encontrarse con Cornier Torres, detalle desconocido por sus allegados.

Valerie Ann Almodóvar Ojeda.

La desaparición

La cotidianidad empezó a alterarse el lunes por la noche, cuando Antommattei le dijo a Ojeda Pérez que Valerie Ann no había llegado a la casa. La madre revisó la ruta que había registrado el GPS instalado en la guagua de su hija -del que solo tenían conocimiento su esposo y su hija mayor-, y vio que el vehículo había estado en Adjuntas y otros lugares. Eso le extrañó, pero inicialmente no se preocupó porque pensó que la joven le habría dado pon a alguien y que quizás se quedó a dormir con una amiga por estar peleada con el novio.

Con Valerie Ann sin aparecer el martes, la madre activó a toda la familia para que la llamaran y le escribieran. Este día por la mañana, el GPS dejó de emitir señal en el Tribunal de Ponce. 

El miércoles, cuando Ojeda Pérez y su esposo iban a entregar una orden de su negocio de catering en Mayagüez, escucharon por radio la noticia del hallazgo del cadáver de una mujer cerca del lago Garzas en Adjuntas. Esa primera versión indicaba que se trataba de una mujer de mediana edad, pero el padre de Valerie Ann ató cabos y comenzó la pesadilla.

“Ibamos por todo el camino hablando y yo ‘ay bendito, pobre señora’, como están pasando las cosas, nosotros orando por todo el camino. Y cuando él [Eddie] vuelve y chequea el GPS, él mira y mira y mira, y yo le digo ‘¿qué te pasa Eddie?’ y él me dice ‘yo creo que es la nena’. Y se volvió como un loco y yo otra, porque yo iba guiando y él desesperado”, relató.

Los padres fueron a la universidad y confirmaron que su hija no llegó a tomar el examen final de inglés. En el recinto ya se sabía que estaba desaparecida. De ahí salieron para el cuartel policiaco de San Germán.

“Yo les digo que tengo un GPS y mi nena está desaparecida y ella llegó hasta el lago Garzas. Y todo el mundo se quedó mirando y yo digo ‘¿qué pasó?’. Y él [el policía] me dice ‘es que encontraron una señora más o menos de 45, 50 o 60 años’. Y yo ‘pues, no será ella’. Que Dios me perdone, uno desea que le suceda nada a nadie, pero yo pensaba que no debía ser ella porque ella es una nena, tiene 23 años, pero se veía más nena todavía”, señaló.

No obstante, la información que ya había recopilado el agente Félix Rodríguez, quien investigó la escena de Adjuntas y supo preliminarmente que la mujer encontrada era Valerie Ann -por la banda del Museo de Arte de Ponce que tenía en la muñeca- lo llevó a San Germán. Allí también llegó el fiscal Ildefonso Torres Rodríguez.

“Al enseñarle la foto de la nena, como Félix fue el que la encontró, él dijo ‘sí, es ella, pero yo quiero que ellos confirmen que sea ella’”, rememoró.

Es decir, desde el miércoles la familia sabía, extraoficialmente, que Valerie Ann había sido asesinada. Ese también fue el día en que salió a relucir el nombre de Manwe Uno, cuando Antommattei le envió una foto suya a Ojeda Pérez diciéndole que ese era el hombre que había amenazado de muerte a Valerie Ann.

Por ese dato, la Policía lo citó al cuartel. Esa fue la última vez que la madre vio a Antommattei. Este, quien el día antes había abierto un perfil en la aplicación para búsqueda de parejas Tinder, se alejó y no participó de los actos fúnebres de su novia.

“Ni siquiera vino a darme el pésame. Caramba, son tres años y pico de relación, yo lo traté como si fuera un hijo, él me decía mamá Zaida, nos pedía la bendición… yo decía que era una persona buena y después vino con sorpresas”, manifestó.

Osvaldo Antommattei fue el segundo testigo durante el juicio por el asesinato de Valerie Ann Almodóvar. (Voces del Sur/Pedro A. Menéndez Sanabria)
Osvaldo Antommattei fue el segundo testigo durante el juicio por el asesinato de Valerie Ann Almodóvar. (Voces del Sur/Pedro A. Menéndez Sanabria)

La negación y la pesadilla

El jueves la madre intentó identificar el cuerpo en el Instituto de Ciencias Forenses en Mayagüez, pero no pudo. 

“A mí no se me parecía, pero no es que no se parecía, es que yo no quería que se pareciera a ella”, confesó la mujer, al indicar que la identidad de Valerie Ann se confirmó por placas dentales y su esposo la identificó positivamente el viernes.

También el jueves, la guagua de Valerie Ann fue encontrada en la marquesina de la casa de Cornier Torres en la barriada Baldorioty en Ponce. Eso, sumado a la confirmación preliminar del asesinato, empezó a hundirla.

“Se me fue el mundo al piso, se me fue el mundo al piso porque entonces sí que uno tenía la seguridad de que pasó algo malo. ¿Fue ese señor? ¿Qué le haría? Se me fue el mundo al piso”, lamentó llorosa.

Valerie Ann Almodóvar Ojeda.

Manwe Uno: un desconocido

Ojeda Pérez estaba confundida, en parte, porque no sabía quien era Manwe Uno. Su hija Deddie también dijo a este medio que no lo conocía previo al crimen y las amistades de Valerie Ann en San Germán, presuntamente, tampoco sabían de su existencia.

De hecho, en el juicio no quedó claró qué era lo que Valerie Ann le quería entregar a Cornier Torres y que motivó la coordinación de su encuentro. Como la joven necesitaba un árbol en PVC para las obras infantiles que estaba montando, la madre teoriza que quizás el grafitero se lo confeccionaría.

¿Usted creyó la teoría de la Fiscalía de que Cornier actuó solo en el asesinato?

Al principio, pues, lo dudé porque, caramba, para hacer todas esas cosas que ese señor hizo debe tener a alguien que lo ayudó. Y cuando dijeron que Osvaldo tenía los arañazos en los brazos pensé si estaba relacionado, pero resultó que no… Hasta que se dice que ese señor [Cornier] lo hizo todo  y el señor Amarillo [Carlos Pacheco Santiago] aseguro que él [Cornier] la remató y al rematarla se sabe que fue él.

Juan Luis Cornier Torres. (Voces del Sur / Michelle Estrada Torres)

Varias preguntas se quedaron sin respuesta, como el por qué Cornier mató a su hija. A la madre tampoco le cuadra que estos tuvieran una relación amorosa como señaló Antommattei.

“Osvaldo dijo que ellos tenían una amistad más allá, pero yo nunca supe de eso. Y yo le decía a mi esposo… ‘¿por qué dicen que ella tiene algo con él, si para tú tener algo con él por qué te tienes que perder cinco veces para ir a la casa? Por lo menos yo, si conozco a alguien que me interesa, lo primero que averiguo es dónde vive”, comentó al hacer referencia a las múltiples vueltas que dio Valerie Ann para llegar a la casa de Cornier, según se desprende de los mensajes de voz que intercambió con el grafitero por Whatsapp y que la Fiscalía reprodujo en sala.

Precisamente, escuchar la voz de su hija a casi tres años de perderla, fue uno de los momentos más duros del proceso.

“[Sentí] Ay Dios mío, como si la tuviera aquí conmigo, aquí al ladito. Fue algo tan fuerte, porque ella tenía una sonrisa que era pegajosa. Y al escuchar sus palabras y su sonrisa, y yo [decía] ‘ay Dios mío, devuélvemela’. Me hace mucha falta”, expresó.

Esa fortaleza la sacó de su fe porque quería enterarse de primera mano cómo fueron los últimos momentos de su hija.

“Yo le pedí mucho a papá Dios para me diera sabiduría y fortaleza para poder verla y ver qué fue lo que sucedió”, indicó.

Zaida Ojeda Pérez, madre de Valerie Ann Almodóvar Ojeda. (Voces del Sur / Michelle Estrada Torres)

Sabor agridulce

Aunque calificó el trabajo de los fiscales como “muy bueno”, la realidad es que el juicio la desgastó, pues se dilató consecuentemente por planteamientos de la defensa y por la pandemia de coronavirus.

“[Fue] Horrible porque el deseo de uno es que cuando suceda algo resolver el problema rápido, y esto es una agonía, una longaniza como digo yo. Porque el dolor crece más y más hasta que se le haga justicia. Un dolor bien grande”, evaluó.

Sí quedó resentida con el hecho de que les archivaran los cargos a Carlos Pacheco Santiago y Loreinne Bonet Torres, quienes ayudaron a Cornier Torres a limpiar la escena. La familia favoreció el acuerdo de culpabilidad que les permitió declarar contra el muralista, pero el hecho de que no pisaran la cárcel les dejó un mal sabor.

“Eso me dolió porque, no tanto por Amarillo, sino por la señora [Bonet] porque ella le compró las cosas, lo ayudó a amarrarla, a meterla en la bolsa, a ponerla en la guagua… Y ella se lavó las manos como Pilatos, aquí no sucedió nada. Y eso me dolió y me duele y me seguirá doliendo. Caramba, por lo menos estuviera un año o dos [en la cárcel], pues uno estaba un poquito satisfecho, pero no, ni un día ni una hora. No lo vi justo”, aseveró.

Mañana, viernes, se cumplen tres años del asesinato y Ojeda Pérez lleva su proceso un día a la vez, impulsada por el amor de su esposo Eddie, su hija Deddie, sus padres, hermanos, parientes y las amitades de Valerie Ann, que no la han soltado.

Valerie Ann Almodóvar Ojeda.

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Michelle Estrada Torres
Periodista y profesora oriunda de Ponce, Puerto Rico. Su experiencia periodística incluye trabajo reporteril, investigación, edición; producción de textos, fotos y vídeos; y cobertura multimedios y multiplataforma. En Inter Ponce imparte cursos de periodismo y medios de comunicación.