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Rebecca Rodríguez: enlace de Casa Pueblo en las comunidades de Adjuntas

31 de diciembre de 2020 - 11:43 am Modificado: 1 de enero de 2021 - 1:39 pm

Nota de la editora: Duodécimo y último reportaje de la serie Las mujeres y la energía solar: historias de lucha en la montaña, que resalta las historias de mujeres líderes que se valen de la energía limpia y renovable para realizar trabajo comunitario de impacto y practicar la solidaridad en Adjuntas y pueblos limítrofes.

Se publicó uno por mes durante el 2020 como parte de una colaboración con Casa Pueblo de Adjuntas, en ocasión de su 40mo aniversario.

No hay una casa o negocio solar en Adjuntas, o persona que se haya beneficiado de la insurrección energética de Casa Pueblo, que no sepa quién es ‘Fabeca’. 

Su nombre sale a relucir en cada conversación sobre cómo se energizaron con el sol residencias (conocidas como cucubanos), colmados, ferreterías, restaurantes y dependencias estatales de este pueblo tras el huracán María, y al hablar de las lámparas, neveras y generadores solares que se repartieron entre la población para mejorar su calidad de vida.

Fabeca es Rebecca Ivette Rodríguez Banch, una sureña que llegó a Adjuntas de la mano de su esposo Felo, echó raíces en el barrio Vegas Arriba y se convirtió en una “adjunteña por adopción” con su trabajo como enlace de Casa Pueblo con las comunidades.

“Comencé con Casa Pueblo cuando el huracán María. Vine detrás de las lámparas solares que ellos estaban dando. Luego de eso, vi que había necesidad de ayudar y decidí comenzar como voluntaria”, recordó Rebecca, quien tiene tres hijos y dos nietos.

La primera tarea que le tocó ha sido una de sus intervenciones más significativas y emocionantes. En el sector El Hoyo, apartado y de difícil acceso, repartió lámparas solares en la totalidad de las casas y luego, junto a los directivos de Casa Pueblo, levantó la información que derivó en la selección de 10 familias que recibieron una nevera solar y un sistema solar.  

Aportaciones de individuos, organizaciones e instituciones de Puerto Rico y el extranjero junto a los recursos de Casa Pueblo se usaron para beneficiar a personas diabéticas dependientes de insulina; a María Medina, que requería electricidad para darse el tratamiento de diálisis peritoneal para la insuficiencia renal; un joven con perlesía cerebral que hacía su maestría en psicología escolar; y a doña Rosa, cuyo esposo era ciego y estaba encamado.

“Fue una relación tan y tan bonita con esta comunidad que… se convirtió en una familia”, afirmó.

“De ahí siguieron surgiendo otros proyectos y se han hecho grandes cosas en nuestro pueblo de Adjuntas. A pesar de que no soy adjunteña, porque soy ponceña, pero ya me considero adjunteña, soy hija de aquí y todo el mundo me aprecia y donde quiera que llego es muy agradable compartir con las familias que me han acogido como una hija más en cada hogar que visito”, dijo con regocijo.

En estos poco más de tres años, Rebecca se ha encargado de identificar casos meritorios, investigar, entrevistar, conectar con las familias y lograr su compromiso para que reciproquen la ayuda recibida convirtiéndose en oasis energéticos de sus comunidades.

Luego del ciclón, ayudó a repartir 14 mil lámparas solares en todo Adjuntas. Cuando estaban en esa tarea, se ocupó de llevar varios cientos directamente a escuelas para que maestros, empleados y estudiantes pudieran beneficiarse.

“Tuvimos la oportunidad de repartir 54 neveras para la seguridad alimentaria en todos los barrios de Adjuntas. En cada barrio hay de cinco a siete neveras”, señaló.

También fue parte de la energización de cinco colmados y de la entrega de 11 sistemas portátiles solares a pacientes de apnea del sueño.

“En cada barrio me encontré muchas historias. Siempre tendré en mi corazón una de Tanamá”, confesó.

Fue esa vivienda, habitada por una pareja de adultos mayores, una de las primeras casas solares.

“Siempre lo tendré en mi corazón, en mi alma. El señor me agarraba la mano, no me la soltaba, no quería que me fuera. Siempre que lo visitaba era una emoción muy grande compartir ese espacio con ellos”, rememoró.

Rebecca no solo está presente en las fases de investigación e instalación, sino que le da seguimiento a las personas beneficiadas. También mantiene un banco inacabable de peticiones, que se canalizan según aparecen los recursos.

“Es algo bien maravilloso. Las personas no se cansan de dar las gracias de que los elegimos a ellos para que sean portadores de ese equipo. Y, en segundo lugar, porque en su vida habían pensado siquiera en tener un equipo para ayudarse a ellos y a los vecinos”, manifestó.

A su juicio, todo este trabajo de Casa Pueblo ha creado una sólida red de solidaridad.

“La gente está más pendiente y se cuidan más. Lo que ha pasado en nuestro pueblo es que ya están preparados para seguir adelante, para trabajar, para brindar lo mejor de ellos, poder ser más solidarios con sus vecinos”, observó.

El compromiso de Rebecca es tal que estuvo un año yendo a trabajar a pesar de que su vehículo se había quedado sin reversa. Al presente, acumula grandes logros y satisfacciones, pero entiende que le quedan muchos más a futuro.

“Me siento feliz, como que puedo hacer más, que no paro de trabajar, de buscar el bien común de estas familias, de que no tan solo queremos ser solidarios con las personas enfermas sino con las personas que dan de sí para ayudar a las comunidades. O sea, que cada experiencia que yo he tenido en estos tres años en Casa Pueblo ha sido grandemente satisfactoria”, reflexionó.

Rebecca está más que agradecida con todas las personas y entidades donantes, y a Casa Pueblo igualmente le da las “gracias por haberme dado la oportunidad de ser lo que soy hoy y de haber servido a la comunidad del pueblo de Adjuntas”.

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Michelle Estrada Torres
Periodista y profesora oriunda de Ponce, Puerto Rico. Su experiencia periodística incluye trabajo reporteril, investigación, edición; producción de textos, fotos y vídeos; y cobertura multimedios y multiplataforma. En Inter Ponce imparte cursos de periodismo y medios de comunicación.