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Paola y Jariksa: abren camino con la energía solar

30 de noviembre de 2020 - 6:40 pm

Nota de la editora: Undécimo de 12 reportajes de la serie Las mujeres y la energía solar: historias de lucha en la montaña, que resalta las historias de mujeres líderes que se valen de la energía limpia y renovable para realizar trabajo comunitario de impacto y practicar la solidaridad en Adjuntas y pueblos limítrofes.

Se publicará uno por mes durante el 2020 como parte de una colaboración con Casa Pueblo de Adjuntas, en ocasión de su 40mo aniversario.

Ser ‘mujeres solares’ las hace sentir empoderadas y les permite reafirmar que tienen la capacidad para realizar cualquier tarea y sobresalir, no importa si se trata de un negocio tradicionalmente dominado por hombres. 

Paola Pagán Berríos, natural de Ciales y residente en Isabela, y Jariksa Valle Feliciano, nacida en New Jersey y actual vecina de Aguada, son instaladoras de sistemas de energía solar que se capacitaron durante los talleres ofrecidos por la organización sin fines de lucro Solar Libre.

“Como mujer me hace sentir empoderada, fuerte, orgullosa y como que yo puedo hacer lo que yo me proponga. Al igual que los hombres, simplemente es una cuestión de determinarse, aprender y trabajar día a día”, afirmó Paola, quien actualmente funge como gerente de campo de la entidad con base en Isabela.

Solar Libre surgió por iniciativa de Walter Meyer, quien organizó un programa de respuesta de emergencia en la isla luego del paso del huracán María en el 2017. Ese trabajo evolucionó a una propuesta educativa en energía fotovoltaica de la que se beneficiaron ambas mujeres, y otras tantas de diversos pueblos de la costa y la montaña.

“La organización quiso enfocarse en educar mujeres porque se dio cuenta, en una encuesta que había hecho, de que la mujer es el por ciento menor en ese tipo de trabajo y quería darles la oportunidad para educarse y poder emprender haciendo instalaciones de energía fotovoltaica”, explicó Jariksa, quien fue organizadora de Solar Libre y hoy día se dedica a la crianza de su hija.

Durante los alrededor de siete meses que duró el curso, las mujeres estudiaron la teoría y practicaron en escenarios reales, haciendo instalaciones en fincas, centros comunales y empresas que asumieron el compromiso de convertirse en oasis energéticos para las comunidades aledañas en casos de emergencia. El equipo fue donado y la instalación se hizo de manera gratuita.

“Desde que comenzó el ‘emergency response’ luego del huracán hasta el presente, tenemos alrededor de 166 instalaciones alrededor de la isla, de todos los tamaños”, indicó Paola.

Esas instalaciones se hicieron en fincas de cacao y de vegetales, en la sede del Movimiento para el Alcance de Vida Independiente en Arecibo, el centro comunitario de Healing Emergency Aid Response Team 9/11 en Orocovis, la empresa de venta de semillas ecológicas Desde mi huerto, con base en Isabela, y Güakiá Colectivo Agroecológico en Dorado, entre otros lugares.

“Los sistemas eran dados de acuerdo a la necesidad del lugar o la finca, y si ellos notificaban que querían servir como un ‘hub’ en caso de emergencia pues se consideraba eso. Que las personas puedan llegar allí a cargar sus teléfonos, usar máquinas para el asma, guardar medicinas en refrigeradores, alimentos”, detalló Jariksa.

Las más recientes instalaciones se hicieron en campamentos de personas damnificadas por los terremotos en el Sur, que les ayudaron a tener iluminación y poder cargar sus celulares. La pandemia de coronavirus puso en pausa los trabajos. 

A derrotar estereotipos

La experiencia de estas mujeres instaladoras en el campo refleja el largo trayecto que nos falta recorrer como sociedad para derrotar estereotipos y alcanzar la equidad.

“Es muy común que me pregunten si soy instaladora o si vendo equipos, por el hecho de ser mujer. Porque si ven a un hombre, eso no se lo preguntan. Ahí hay todavía unos obstáculos”, contó Paola.

“Se dio que en algunos proyectos había personas de la comunidad que querían ayudar durante la instalación y que, de cierta forma, nos obstruían nuestro trabajo. Y nos decían ‘no hagas eso, no cargues eso’, pero a través de los días se daban cuenta de que estamos todas acostumbradas y sabemos lo que estamos haciendo”, agregó.

Ahora bien, más allá de esas experiencias que enfrentan en el proceso de abrir camino para las demás, se han llevado múltiples demostraciones de agradecimiento por parte de las personas beneficiadas con los sistemas de energía solar.

“La gran mayoría de las personas demostraban inmensa gratitud y emoción de poder tener esa oportunidad de ayudar a su comunidad. Fueron muchas emociones las que vivimos, había personas que estaban pasando extrema necesidad”, recordó Jariksa.

Para Paola, “lo más satisfactorio para nosotros es, precisamente, cómo nuestro trabajo puede cambiarle la vida a una persona en algo tan simple como tener acceso a su nevera o a un abanico para dormir tranquilo”.

Y en ese sentido, el futuro les depara más educación. Ambas aspiran a convertirse en electricistas para certificar sus propias instalaciones, lo que les daría independencia en su trabajo.

“Yo, como mujer solar, me siento empoderada, me siento agradecida por la oportunidad e inspirada en que esto está sucediendo en Puerto Rico, de que esto es posible y nosotras podemos”, aseveró Jariksa.

Jariksa Valle Feliciano con su esposo e hija. (Cortesía: Rhett Lee García)

Mientras, Paola comentó que dedicarse a este trabajo le produce satisfacción y orgullo.

“Es un trabajo fuerte… es un trabajo sucio, duro, pero cuando al final ves los resultados y que trabajamos en equipo y que quedó perfecto y hasta bonito, y lo felices que eso hace a las personas o a la comunidad, es súper satisfactorio”, expresó.

Apuesta comunitaria

Las integrantes de Solar Libre asistieron el año pasado a la Marcha Solar convocada por Casa Pueblo en Adjuntas. Desde entonces, se han mantenido al tanto de las acciones que realiza la organización adjunteña para que individuos y comerciantes de este pueblo ganen independencia energética.

“(Casa Pueblo) Me da un sentido de esperanza, especialmente, por eso que está pasando de los micro grids, que ellos estén con esa iniciativa de hacer accesible los sistemas de energía solar a la gente del pueblo. Eso me parece fascinante porque así la gente se va educando y diciendo que vale la pena porque es mejor para nosotros y para el planeta”, manifestó Paola, al referirse al proyecto Adjuntas Pueblo Solar, mediante el cual se energizarán con el sol los negocios del casco urbano del Pueblo del Gigante Dormido.

Paola Pagán Berríos. (Cortesía: Rhett Lee García)

Ver multiplicarse esos proyectos que tienen como centro y razón de ser a las comunidades es lo que ambas desean ver y de lo que quieren ser parte.

“Me gustaría, mayormente, apoyar a organizaciones y también hacer instalaciones de energía solar, ayudando al pueblo de Puerto Rico porque pienso que es bien necesario. Ahora mismo muchas personas pasan por situaciones bien difíciles en casos de emergencia y si el pueblo se une para ayudar a las mismas personas creo que va a haber muchos cambios bien amplios”, opinó Jariksa.

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Michelle Estrada Torres
Periodista y profesora oriunda de Ponce, Puerto Rico. Su experiencia periodística incluye trabajo reporteril, investigación, edición; producción de textos, fotos y vídeos; y cobertura multimedios y multiplataforma. En Inter Ponce imparte cursos de periodismo y medios de comunicación.