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A cuenta gotas el servicio en el Cesco de Ponce

15 de junio de 2016 - 1:29 pm

Si usted tiene que realizar algún trámite relacionado a su licencia de conducir o vehículo de motor y su única opción es el Centro del Servicios al Conductor (Cesco) de Ponce, vístase de paciencia ya que las largas filas y la lentitud son la orden del día en esta instalación del Departamento de Transportación y Obras Públicas.

Durante el día de ayer, Voces del Sur visitó el lugar para confirmar las quejas de muchos sureños a lo largo de los pasados meses que, en el mejor de los casos, describen como pésimo el trato y los servicios ofrecidos en la dependencia gubernamental.

Solo bastó entrar al complejo de oficinas para confirmar que la desorganización imperaba en todos los rincones, pues no había una sola persona en la entrada principal que les explicara a los ciudadanos a qué área se tenían que dirigir para llevar a cabo sus trámites. Del mostrador principal emanaban dos prolongadas filas, cada una atendida por una empleada. La más larga, que llegaba casi al lado contrario del edificio, era para público general; la segunda para mayores de 60 años, personas discapacitadas y embarazadas.

El mero hecho de acercarse al mostrador provocaba miradas cortantes y comentarios de los que aguardaban en línea, mientras que un pequeño papel sobre estas advertía que ninguna persona recibiría un turno de no tener todos los documentos requeridos.

A falta de empleados que atendieran al ciudadano a su llegada, sumado al ambiente hostil en el mostrador, muchos optaban por preguntarles a personas con rostros extenuados cómo proceder. La contestación siempre era la misma: «hay que hacer esta fila para obtener un turno».

Así que comenzó la espera.

Una persona sensata pensaría que, similar a otras dependencias gubernamentales, el proceso de obtener un turno no se extendería más allá de unos minutos, pero en el Cesco de Ponce la realidad es otra, no importa cuál sea la diligencia que tenga que llevar a cabo para estar al día con la ley.

Los minutos pasaban y la fila solo crecía.

«Esto es así todos los días. Ayer vine y después de una hora en la fila dijeron que no iban a dar más turnos», comentó Noelia Carrasquillo, una enfermera que reside en el municipio de Ponce.

«Llevo aquí casi una hora en el mismo lugar parado, esto es algo ridículo», describió José Pérez, mecánico de Peñuelas, quien se encontraba frente a la enfermera y ese día intentaba por tercera ocasión dar de baja la tablilla de un automóvil.

Las largas filas son la orden del día en el Cesco de Ponce.
Los minutos continuaron acumulándose hasta que se convirtieron en una hora y la fila apenas avanzó unos pasos. (Voces del Sur)

Los minutos continuaron acumulándose hasta que se convirtieron en una hora y la fila apenas avanzó unos pasos.

«No entiendo por qué no mejoran este servicio, todos se quejan, pero esto sigue igual», indicó Juan Collazo, quien aseguró que no abrió las puertas de su negocio ese día para poder refutar una multa que le apareció en la licencia de un auto el cual, según el comerciante, lleva cerca de dos años estacionado en la marquesina debido a un desperfecto en la transmisión.

Otros 30 minutos pasaron. Finalmente se asomó una guardia de seguridad para indicar a viva voz que todos los que se encontraban en la fila para asuntos relacionados a vehículos de motor podían pasar a la parte de atrás. Muchos mostraron su alivio de no tener que continuar la fila, otros molestos reclamaban la razón por la que no comunicaron esto antes, mientras que a aquellos como Noelia, que se tenían que quedar en fila, no les quedaba otra más que continuar a la espera.

A casi dos horas de haber ocupado su espacio en la línea, la enfermera finalmente llegó al mostrador. Allí una empleada amablemente se tomó su tiempo en revisar los documentos, mientras que su compañera le intentaba explicar a una pareja de ancianos que debido a que no tenían un papel no les podía atender.

Todo estaba en orden en el caso de Carrasquillo, quien recibió un boleto donde aparecía una secuencia de números y la palabra ‘fotografía’ como recompensa por su paciencia y determinación. Por fin tenía su turno.

Noelia procedió a su próximo destino, a solo pasos del mostrador y al lado opuesto donde continuaba la fila. Para su sorpresa, este espacio se encontraba lleno de personas, también a la espera. Algunos estaban sentados en las filas de sillas frente a 10 cubículos de los cuales más de la mitad se encontraban vacíos. A otros no les quedaba más opción que aguardar su turno de pie. La mayoría miraba fijamente dos pantallas donde aparecían los números de turnos atendidos y su respectiva ventanilla. Además de renovaciones de licencia, allí había personas tratando de resolver asuntos de multas, auto expreso, solicitar investigaciones, entre otras.

El rostro de la enfermera se llenó de desilusión al percatarse de que, basado en la secuencia de números que recibió tras dos horas de espera, habían cerca de 40 personas antes que ella para ser procesadas en el área de fotografía.

Otra treintena de minutos transcurrió.

Un hombre de cabello blanqueado y vestimenta juvenil, incluyendo un pantalón corto lleno de ilustraciones de hojas de marihuana, visiblemente molesto reclamó en voz alta que «esto no pasa en Estados Unidos», y aseguró que el tiempo de espera para trámites relacionados a vehículos de motor allá no pasa de los 15 minutos.

«El proceso es indignante, aquí ni los buenos días te dan. Uno espera y espera y no te explican qué tienes que hacer. Mira que esto desespera, que ayer una señora en la tarde se puso a pelear y pidió hablar con el supervisor y nunca apareció», indicó Gladys Nieves, quien como tantos otros se encontraba en su segundo día de trámites para renovar su permiso de conducir.

«Aunque el otro edificio estaba anticuado allí no se tardaban tanto como ahora», añadió Nieves.

Entrada ya la tercera hora de espera, finalmente Noelia encontró dónde sentarse.  En ese momento, una dama que anunciaba que tenía a la venta dulces típicos y bizcochos se convirtió en la salvación de varios padres presentes, cuyos hijos habían expresado en varias ocasiones tener hambre.

Transcurrió la cuarta hora de espera y a su vez llegó la tarde. El volumen de personas en la sala comenzó a disminuir, no por una mejoría en el servicio sino debido a que en el mostrador dejaron de ofrecer turnos.

«Mañana voy al de Guayama, dicen que allí es más rápido», exclamó un joven previo a su partida sin haber culminado su trámite.

Con la tarde, llegó un nuevo turno de empleados. Sus sonrisas y buen ánimo contrastaban grandemente con los rostros agonizantes de los que, como Noelia, llevaban horas esperando ser atendidos.  Las miradas continuaban fijas en las pantallas y llegó la quinta hora de espera para Noelia.

«Chica, después de eso todavía te toca esperar que te llamen para la tarjeta», le comentó a la enfermera otra de las penitentes que aseguró que el hambre la tenía de mal humor.

Antes de las 5:00 p.m., varios de los presentes fueron al estacionamiento a mover su auto para evitar que se quedara encerrado.

Finalmente, Noelia pasó por fotografía y menos de 10 minutos después volvió al área de espera. Transcurrió otra hora más antes de que la ciudadana pudiera tener en sus manos su licencia de conducir.

En resumen, el renovar su permiso en el Cesco de Ponce le tomó cerca de seis horas.

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Pedro Menéndez Sanabria
El periodista ponceño Pedro A. Menéndez Sanabria ha trabajado en medios nacionales y regionales en Puerto Rico por más de una década. Fundó vocesdelsurpr.com en el 2015 y actualmente funge como su coeditor. También ha sido profesor en la Universidad Interamericana de Puerto Rico en Ponce.